La canción de Seru “La Grasa…” siempre represento para mí ese montón de cosas que se hacen o dicen sólo por aparentar. En el mejor de los casos no tienen más que un fin de parecer lo que no se es ; en otros esconden consciente o inconscientemente otro fin. Algunos son simplemente anecdóticos – y, a veces, divertidos -; otros son más profundos – y, en ocasiones, peligrosos-. La idea del blog es levantar ese cacho de grasa que, a diario, se reparte desde la infinidad invasiva de los medios de comunicación actuales.
Después de un largo período de pensar cual podría ser el tema de una segunda entrada (según me dicen 3 semanas es mucho para un blog) aparecieron las imágenes que me disiparían el pensamiento de escribir algo medianamente marketinero. Otra vez, como hace algunos años, la prensa volvio a tratar el tema del hambre en Argentina.
El tópico se vuelve recurrente cada tantos años. Siempre con la correspondiente – y dolorosa – imagen de un nene desnutrido; siempre en alguna provincia periférica; siempre con las consabidas palabras y gestos de congoja de los periodistas.
La pregunta es: Porqué aparecen esas imágenes cada vez que se percibe la debilidad de un gobierno? O acaso creyeron que durante los 3 o 4 años de bonanza económica del gobierno de Kirchner, el hambre había desaparecido del país? Durante los 2 o 3 buenos años de la convertilidad sucedió exactamente lo mismo. Sólo cuando los medios de comunicación ven la posibilidad de utilizar la desnutrición como ariete contra un gobierno convierten al tema en digno de mostrarlo. Ni hablar del Grupo Clarín, aliado vital del gobierno en la primera gestión kirchnerista.
Las clases medias y altas también creemos que el hambre de los otros viene y va según nuestros propios estados económicos. En 2004 nos olvidamos de todos los reclamos en los que nos revolvímos tan sólo 2 años antes. Salvo que para darnos cuenta de la realidad tengámos que ver la foto de un pibe famélico en un lugar remoto; que no nos alcance con ver a todos los chicos en iguales condiciones en cada una de nuestras ciudades; que no podamos percatarnos de como viven algunos argentinos cruzando sólo 3 cuadras de nuestras casas. Reducir la realidad a lo que nos muestra la tele o un diario es la forma más grosera de evasión.
Sí tomáramos la actitud de Cristina Kirchner en su visita a Tartagal, luego de las inundaciones que sufrió la ciudad, como la medida del pensamiento de la dirigencia política sobre el tema concluiríamos que oscila entre la ignorancia y la desidia. La presidente parecía una enviada de la ONU que por primera vez se asomaba a la situación argentina. Cuando se usa el adjetivo estructural es sinónimo seguro de “ésto ya estaba de antes y yo no voy a mover un dedo para cambiarlo”. Versión K del lamentable “pobres hubo siempre” menemista.
El hambre estuvo siempre en Argentina, incluso en las pocas etapas de desahogo económico. No hay duda que durante ellas el hambre se convirtió en un crimen; algunos fueron criminales por acción y todos por omisión.